4º Misterio Gozoso

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO
Y LA PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN

 



Rezo
del Misterio



Padre Nuestro


Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría
 

Gloria


"María,
Madre de Gracia,
Madre de Misericordia, defiéndenos del enemigo y
ampáranos ahora y
en la hora de la muerte"




 




La Presentación del Señor y La Purificación de María


Lectura evangélica.

         Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor. Simeón lo tomó en brazos y dijo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador. (Cf. Lc.2, 22-40)
 

 
 

Meditación.

          María, la Inmaculada Concepción, la llena de gracia, Virgen y Madre por obra del Espíritu Santo, que no necesita de purificación, da ejemplo de obediencia a lo ordenado por la ley de Moisés. La Virgen María ratifica su entrega, como esclava, a la voluntad de Dios. Ella, con su palabra y con su ejemplo, nos pide obedien­cia a la voluntad de Dios. Ella nos invita al cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios.

         La Virgen María aparece unida a la Misión del Hijo. Es la Corredentora al servicio del Redentor. En efecto, Simeón, impulsado por el Espíritu Santo, tomó al Niño entre los brazos y, dando gracias a Dios, dijo a María: "... y a ti una espada de dolor te traspasará el alma". Es el precio de la Maternidad espiritual de María. María es nuestra Madre. Somos hijos de María al precio de su dolor corredentor. María sufre con los dolores del Hijo y sufre por nuestro pecado que causa los dolores del Hijo.

         ¡Madre de Dios y Madre nuestra!. No te canses -una madre no se cansa nunca- de interceder por nosotros.  Nos envuelve la cultura del pecado y de la muerte, del error y de la confusión. Falta amor, fidelidad, unidad, paz. Nos sentimos como acobardados. Seguimos necesitando el perdón y la gracia de tu Hijo Jesucristo. Que tu mano de Madre abra nuestros corazones a la vida de la gracia que Cristo nos ofrece.

         ¡Madre de Dios y Madre nuestra, Señora del Rosario!. Cuando te contemplamos con Cristo entre tus brazos en el templo, nos llenamos de esperanza porque sabemos que nosotros -miembros de Cristo- también estamos entre tus brazos. Te confiamos y consagramos nuestras vidas: guárdanos al calor de tu corazón para siempre.




Las Oraciones del Rosario


 

 * PADRE NUESTRO:
Rogamos a Dios.


Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
 

* AVE MARÍA:

Repetimos la Salutación del Ángel y Santa Isabel a la Virgen María.

 

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo;
bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
 

* GLORIA:

Alabamos a la Santísima Trinidad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.