4º Misterio Luminoso

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

 


Rezo del Misterio



Padre Nuestro


Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría

Avemaría
 

Gloria


"María,
Madre de Gracia,
Madre de Misericordia, defiéndenos del enemigo y
ampáranos ahora y
en la hora de la muerte"



 




La Transfiguración

  Lectura  bíblica.

         Subió Jesús a una montaña muy alta y se transfiguró delante de Pedro, Santiago y Juan. Su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. (Cf. Mt. 17, 1-9)

 


Meditación.

         Jesús, después de anunciar explícitamente su pasión y muerte, tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, y se retiró a una montaña para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió,  resplandecía,  y sus vestidos se volvieron blancos como el sol. Asistimos a un momento culminante de la Revelación. Los apóstoles se postran en adoración, y nosotros con ellos

         Escuchamos la revelación expresa del misterio de Dios. Y una voz desde la nube decía: Este es mi  Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Revelación de la Trinidad: del Padre en la voz que se escucha, del Hijo visible en Jesucristo y del Espíritu Santo en la nube luminosa.

        Manifiesta la glorificación que ha de ser visible permanentemente desde la resurrección de Jesucristo. Es la plena glorificación del alma que se manifiesta en el cuerpo.

La Transfiguración trata de fortalecer la fe débil de los apóstoles ante los acontecimientos duros que se acercan. Fortalece también nuestra fe en las circunstancias difíciles que nos tocan vivir.

Adoramos a Jesucristo: es el Hijo de Dios, es nuestro Redentor,  nos llama a participar de su cruz, camino de la glorificación.

         María recorre la vía dolorosa del Hijo desde la encarnación hasta la Pasión hasta la Cruz, culminación del dolor y de la soledad, participando privilegiadamente de la gloria de la Resurrección.

         Virgen y Madre, Señora del Rosario: enséñanos a adorar a Cristo, tu Hijo, a aceptarlo en nuestras vidas con todas sus consecuencias, a conocerlo meditando y viviendo los misterios del Rosario, a recorrer el camino sembrado de cruces, sin desalientos, hasta alcanzar la participación en la gloria luminosa de Cristo.

 



Las Oraciones del Rosario


 

 * PADRE NUESTRO:
Rogamos a Dios.


Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
 

* AVE MARÍA:

Repetimos la Salutación del Ángel y Santa Isabel a la Virgen María.

 

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo;
bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
 

* GLORIA:

Alabamos a la Santísima Trinidad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.