EL ADVIENTO CON MARÍA
3er Domingo de Adviento

CICLO C

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 



MEDITACIONES

 

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

CICLO C

 

Meditamos los misterios gozosos del Rosario con los sentimientos del corazón de la Virgen María. Son misterios que pregonan la alegría de la primera venida de Jesucristo, nacido de la Virgen por obra del Espíritu Santo.

 

PRIMERA LECTURA. Sofonías, 3, 14-18ª.

Mensaje de alegría.

El Profeta nos lanza un mensaje de alegría: Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
 

Estamos alegres porque el Señor viene.

Estamos alegres porque el Señor viene para perdonar el pecado y, consecuentemente, cancelar toda deuda. El Señor viene para hacerse presente en medio de su pueblo, igual a nosotros en todo menos en el pecado. El Señor viene para salvarnos y restablecer el recto orden alterado por la soberbia del hombre.
 

Estamos alegres porque Dios nos ama.

Estamos alegres porque Dios nos ama con un amor más fuerte que el pecado, que la muerte, que la debilidad... Porque el Señor se goza y complace en nosotros. Somos sus criaturas, sabe de qué barro estamos hecho... nos comprende y nos ama..

Por lo tanto, no tengamos miedo, caminemos alegres, apoyados en el amor que Dios nos tienes.
 

Invocación mariana.

Santa María de la Esperanza, Madre de la alegría porque eres la Madre de nuestro Salvador. Enséñanos a vivir alegres, abiertos a la gracia que Cristo nos ofrece. Vivir en gracia: ésta es la verdadera alegría.

 

SEGUNDA LECTURA. Filipenses, 4, 4-7.

Estad alegres.

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Éste es el mensaje que nos da el Apóstol San Pablo.
 

Estad alegres en el Señor

Estamos alegres en el Señor cuando vivimos y perseveramos en la gracia santificante porque participamos de la naturaleza divina, porque somos introducidos en la comunión trinitaria, porque somos hijos adoptivos de Dios, porque somos herederos del Cielo.

Daremos testimonio de nuestra alegría en medio del mundo con nuestro estilo de vida: alegres en la familia, en el trabajo, en la sociedad...

Para perseverar en la alegría, insistamos en la vida sacramental y en la oración. No tengamos miedo, contamos con la presencia y la fuerza de Cristo. Él es nuestra alegría.
 

Invocación mariana.

María: tu estilo de vida es el Magnificat, cantando las maravillas que Dios ha realizado en tu alma. Enséñanos a caminar cantando la alegría de Dios que vive en nuestras almas por la gracia.

 

TERCERA LECTURA. San Lucas 3, 10-18.

La gran alegría.

San Juan predica sobre la disposición inmediata para recibir la gran alegría: el nacimiento del Redentor. ¿Cómo hemos de prepararnos para recibir a Jesús la noche de la Navidad?

Encontraremos la verdadera alegría si nos convertimos, dejando el pecado y hacemos penitencia acudiendo al sacramento de la Reconciliación y al encuentro con Cristo en La Eucaristía.
 


 

Encontraremos la verdadera alegría si acogemos al hermano, lo perdonamos y compartimos nuestros bienes con los más necesitados. Será el signo de que hemos acogido a Dios.

Encontraremos la verdadera alegría si practicamos la justicia dando a Dios lo que le pertenece y respetando los bienes del prójimo sin exigirle más de los debido, ni causarle extorsión.
 

Invocación mariana.

Santa María de la alegría, portadora del misterio del Verbo de Dios hecho hombre por obra del Espíritu Santo: enséñanos cómo purificar nuestros corazones para acoger la gracia del misterio de la Navidad y ser portadores de la verdadera alegría.



 


          

       



 

 
 


             Autor: Fr. Carlos Lledó López, O.P.