CATEQUESIS SOBRE
EL SANTO ROSARIO

Presentación

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

 
   
Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.
 



 

1 - PRESENTACIÓN DEL ROSARIO

 


 

EL DON DEL ROSARIO.

Agradecemos el don del Rosario.

Porque es camino para conocer, amar e imitar la vida de Jesucristo: nos introduce en el recuerdo, meditación y contemplación de la infancia, vida pública, pasión, muerte y resurrección del Señor.

Porque es camino para actualizar la presencia de María. Ella es la Madre que nos ofrece el conocimiento y el amor del Hijo y, consecutivamente, la vida de la gracia. Ella es la Corredentora que vive ejemplarmente –Rosario viviente- los misterios de Cristo. Ella es la Medianera que sale al encuentro de nuestras necesidades y las presenta a su Hijo intercediendo por nosotros .

El Siervo de Dios, Juan Pablo II, decía a los jóvenes en su última venida a España: “Ciertamente, en el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor” (O.R.19. 03. 245, 2).
 

Agradecemos el Magisterio continuado del Siervo de Dios Juan Pablo II.

Especialmente la Carta Apostólica sobre el Rosario: “...no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes... El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad... Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capitulo final de la Constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia... (n..2).
 

Agradecemos el Magisterio de Benedicto XVI.

Nos dice el 16 de Octubre de 2005: “En realidad, el Rosario no se contrapone a la meditación de la Palabra de Dios y a la oración litúrgica; es más, constituye un complemento natural e ideal, en particular como preparación y como acción de gracias a la celebración eucarística. Contemplamos al Cristo encontrado en el Evangelio y en el Sacramento en los diferentes momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. En la escuela de la Madre, aprendemos así a conformarnos con su Hijo divino y a anunciarlo con nuestra misma vida. Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y educa a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso”.


QUÉ ES EL ROSARIO.

Es una forma de oración esencialmente cristológica a través de la Virgen María. Por lo tanto, tiene como contenido principal los misterios de la vida de Cristo: infancia, vida pública, pasión y muerte, y resurrección con la mirada y el corazón de la Virgen María.
 

El Rosario es fórmula completa de oración.

El Rosario es oración vocal. Rezar “con consideración”, esto es, recordando los misterios de la vida de Cristo con la mente y el corazón durante unos instantes.

El Rosario es oración mental. Esto es, reflexionar silenciosamente sobre cada misterio antes del rezo de cada misterio..

El Rosario es oración contemplativa: adorar a Cristo en cada misterio serenamente, sin prisas.
 


 

El Rosario actualiza la presencia de la Virgen María Madre, Medianera y Corredentora.

María nos enseña a mirar el rostro de Cristo, a recordar, meditar y contemplar su vida de “amor hasta el extremo, a comprenderlo y acogerlo, a configurarnos con Él y a proclamarlo, dando testimonio en medio del mundo.

Entremos en la “Escuela de María” para aprender a vivir el Rosario. Ella es la Maestra eficaz que mejor conoce a Cristo y nos enseña con su vida cómo leer a Cristo en sus misterios y cómo imitar su vida. Por eso, rezamos las decenas de Ave María en forma de oración litánica y de súplica.
 

El Rosario es oración de súplica.

En el Rosario presentamos a Dios las necesidades y aspiraciones propias, las del matrimonio y la familia, la paz del mundo, la conversión de los pecadores...

En el Rosario, pedimos las fuerzas que necesitamos para un compromiso evangélico más coherente y generoso.
 

El Rosario es ejercicio de virtudes.

El Rosario es actualizar nuestra fe en Jesucristo y en sus misterios. Vigoriza nuestra esperanza que se apoya en la glorificación de Cristo y en la Asunción de María a los cielos... Fortalece nuestra caridad porque alienta nuestra entrega a Cristo y al prójimo por medio de María.
 

El Rosario marca el estilo de vida cristiano.

El estilo de vida del cristiano es el estilo de Cristo. Recordar serena y repetitivamente los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y glorioso de Cristo en el Rosario, nos ayuda a asimilar su estilo de vida y a imitarlo...

 

VIVAMOS CON EL ROSARIO.

Vivamos con el Rosario en el corazón, grabando a fuego el recuerdo, meditación y contemplación de los misterios de la vida de Cristo, Hijo de María Virgen.

Vivamos con el Rosario en los labios, repitiendo serenamente las mejores oraciones que tenemos (Padre nuestro, Ave María y Gloria) con el fondo de la vida de Cristo.

Vivamos con el Rosario en las manos, como arma privilegiada para defender la pureza de corazón y de cuerpo. Que el Rosario, entre nuestras manos, sea mejor mortaja.
 

         



        

           

         

         


 

 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.