Domingo 10º del Tiempo Ordinario

- CICLO B -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 



 

DÉCIMO DOMINGO – CICLO B
                 
 

         La meditación de la vida de Cristo en el Rosario es contemplar el triunfo de su amor y misericordia sobre nosotros. Podemos afirmar que venimos del amor misericordioso de Dios y que caminamos bajo su tutela hasta que triunfe  sobre nosotros.

 

PRIMERA LECTURA. Gen.  3,  9-15.
 

La creación del hombre y la mujer.

         La creación del hombre y la mujer responde a un proyecto del amor y misericordia divina. Por eso, Dios los creó a imagen y semejanza suya (Cf. Gen.  1-26), los dotó de inteligencia y voluntad. En estado de gracia sobrenatural. Destinados a ver a Dios.

La respuesta del hombre y la mujer.

         El hombre y la mujer responden con el pecado original, comiendo del árbol prohibido por Dios:  “… del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, tendrás que morir” (Gen. 2, 17)

         El hombre y la mujer cometen el pecado original. Es un pecado de soberbia porque buscan ser como Dios (Gen. 3, 5) Pecado de naturaleza que se transmitirá a sus descendientes por vía de generación.

         Y Dios expulsó del Paraíso a Adán y a Eva que perdieron el estado de vida sobrenatural, quedaron condenados al trabajo y a la muerte y fueron expulsados  del paraíso (Cf. Gen. Cap. 3). Se autoexcluyen del amor y la misericordia de Dios.
 

Invocación mariana.

         Virgen del Rosario: todos heredamos el pecado original, menos Tú que fuiste preservada, Inmaculada Concepción. Nosotros, los desterrado hijos de Eva,  heridos por el pecado original y sus secuelas, nos agarramos a ti con el Rosario  para que nos libres de la condenación eterna y nos salves.

 

SEGUNDA LECTURA. 2ªCor.4, 13-5,1.

Nuevo proyecto del Amor misericordioso.

         Dios Padre tiene un nuevo plan de amor y misericordia ante la situación de la humanidad. Envía a su Hijo, nacido de mujer virgen por obra del Espíritu Santo. Jesucristo repara y perdona la dimensión infinita del pecado muriendo por nosotros en la Cruz y nos aplica los frutos de la Redención por medio del sacramento del Bautismo que nos ofrece en la Iglesia.

Cristo nos salva.

         Cristo es nuestro Redentor, que nos revela el amor del Padre y busca la salvación de todos (Cf. Jo. 3, 6). Por eso, “también nosotros creemos y por eso hablamos”

         Cristo nos ofrece el perdón y la gracia santificante en el sacramento del Bautismo. Con la gracia, entramos en la comunión trinitaria, participamos de la gracia de Cristo, somos hijos adoptivos de Dios y herederos de la gloria. Sabemos “que quien resucitó al Señor Jesús, también, con Jesús, nos resucitará y nos presentará  con vosotros ante él”

         Seamos agradecidos para gloria de Dios. Sabemos que Él nos espera al final del camino duro que hemos de recorrer, ayudados de su gracia, Él nos espera.
 

Invocación mariana.

         Santa María: Tú que fuiste singular y privilegiadamente redimida; enséñanos  a recorrer el camino fieles al perdón y a la gracia que tu Hijo nos ofrece en el sacramento del Bautismo.

 

TERCERA LECTURA. Mc. 3, 20-35.

Abrir las puertas a Cristo.

         Abrir las puertas a Cristo es abrirse a su perdón y a su gracia; a los sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía; a las virtudes sobrenaturales; al rezo y a la oración asidua; a la aceptación y ofrenda del sacrificio; a cultivar la devoción filial a María, también con el Rosario. Cerrar las puertas a Cristo, conscientemente, es rechazar la gracia, pecar contra el Espíritu Santo.

         Abrir las puertas a Cristo es formar parte activa de su Cuerpo místico por la gracia, pertenecer a su familia cumpliendo  la voluntad del Padre.

Invocación a María.

         Santa María, modelo de acogida a Cristo desde el Fiat de la Encarnación hasta la Cruz, enséñanos a hacer de nuestra vida un sí para Cristo en la Iglesia.

        
 







 

 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.