Domingo 19º del Tiempo Ordinario

- CICLO A -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 



 

DÉCIMO NOVENO DOMINGO – CICLO A.
                 
 

Con María, meditamos el primer misterio gozoso. Ella nos enseña, en clima de oración, a preparar el paso de Dios, a remover obstáculos para su presencia, a entregarnos si reservas y a confiar en Él siempre y en toda circunstancia.

 

PRIMERA LECTURA. Libro primero de los Reyes 19,9ª. 11-13ª.

Clima para aguardar al Señor

El clima propicio para esperar el paso y la venida del Señor es la oración y la purificación. Elías se retira al monte de Dios, al Horeb y se refugió en una gruta.

Necesitamos el esfuerzo de la subida al monte y el ambiente de oración, recogimiento y soledad para esperar y acoger el paso del Señor.
 

Signos del paso de Dios.

El viento huracanado que agrieta y rompe los peñascos precede al paso de Dios. Necesitamos romper y agrietar la dureza de nuestros corazones para acoger el paso de Dios.

El terremoto que conmueve hasta los cimientos. Necesitamos remover el obstáculo del pecado y de la imperfección para que Dios pueda pasar y entrar en nuestras almas.

El fuego que purifica. Necesitamos ser purificados, estar limpios, para dar entrada a Dios.
 

El paso de Dios.

El susurro es la brisa suave que marca el paso y la presencia espiritual de Dios. Es la perseverancia en la vida de la gracia y consecuentemente la comunión trinitaria. Es la fidelidad a la oración, causa de la experiencia religiosa: Dios está en nosotros, y nosotros en Dios.
 

Invocación mariana.

Madre del Rosario: Tú, concebida sin pecado original, te preparas intensamente para el paso y la venida de Cristo en clima intenso de oración y recogimiento. Nosotros, heridos por el pecado original, necesitamos de lucha, purificación y oración para acoger a Cristo por la gracia. Ayúdanos.

 

SEGUNDA LECTURA. Romanos 9, 1-5.

Los sentimientos de San Pablo.

La sinceridad: Como cristiano que soy, voy a ser sincero; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Necesitamos ante todo, sinceridad para abrirnos a Dios: reconocer la verdad de nuestra situación.

Pena y dolor por la situación de su pueblo: Por el bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Sus hermanos, descendientes de Israel, han sido llamados a ser hijos adoptivos de Dios, a tener su presencia... Suyos son los patriarcas, de quienes, según lo humano, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. San Pablo siente pena y dolor porque muchos de sus hermanos no conocen a Cristo y, otros, que lo han conocido, han sido infieles.

Nosotros hemos de ser sinceros para reconocer nuestras infidelidades que impiden el paso y la presencia de Cristo. Tampoco podemos sentirnos ajenos a la suerte de los que no conocen a Cristo o habiéndolo conocido, viven en pecado.
 

Invocación mariana.

Madre de la sinceridad en tu amor a Cristo, y de la fidelidad en tu entrega. Enséñanos a reconocer nuestras infidelidades para que nada ni nadie impida el paso y la presencia de Cristo. Enséñanos a ayudar a todos los hombres para que conozcan a Cristo y vivan en fidelidad.

 

TERCERA LECTURA. San Mateo 14, 22-33.

Las enseñanzas de Jesús.

La primacía y la necesidad de la oración. La necesidad y la primacía de la oración en Jesucristo es absoluta dada la condición de su naturaleza humana substancialmente unidad a la naturaleza divina. Por eso, apremia a sus discípulos a subir a la barca y pasar a la otra orilla del lago para subir al monte a solas para orar y permanecer toda la noche orando. La oración es la constante de la naturaleza humana de Cristo.

La exigencia de la fe en su Persona sin condiciones. Los apóstoles están en la barca sacudida por las olas y el viento, muy lejos de la orilla. Jesús sale a su encuentro andando sobre las aguas y los apóstoles tienen miedo. Jesús conforta a los apóstoles: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!. Pedro dice a Jesús: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. El le dijo: Ven. Y Pedro salió al encuentro de Jesús sobre las aguas, pero tuvo miedo, dudó y se hundía. Entonces gritó: Señor, sálvame. Jesús lo agarró diciéndole: ¡Qué poca fe! ¿Porqué has dudado?. Los demás, se postraron ante el Señor diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

Nosotros navegamos en la navecilla de la Iglesia, sometidos a fuertes oleajes y vientos. No tengamos miedo, ni dudas, ni vacilaciones. Creemos en la palabra de Cristo y nos entregamos a Él sin condiciones. Cristo sale a nuestro encuentro, está presente, vive con nosotros, nos tiende la mano y nos acompaña.

Creo en Jesucristo y en su palabra. Lo espero todo de Él. Me fío de él y me entrego sin condiciones.
 

Invocación mariana.

Virgen orante y modelo de oración: necesitamos el don de la oración como trato íntimo de amistad para dejarnos amar por el Señor, para amarlo sin reservas y para ser testigos de su amor. Enséñanos cómo ser y obrar desde la oración.

Virgen fiel que te abandonas ciegamente al plan del Padre para ser Madre virginal de Cristo por obra del Espíritu Santo: enséñanos a ser hombres y mujeres de fe, a fiarnos ciegamente de Cristo, a no tener miedo porque tu Hijo está con nosotros, no nos abandona, nos tiende la mano y nos saca a flote.

         



 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.