Domingo 26º del Tiempo Ordinario

- CICLO A -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 


 

 DOMINGO VIGÉSIMO SEXTO – CICLO A.
                 
  

         El Rosario es instrumento eficaz para obtener la gracia de la conversión. Rezamos el Rosario porque necesitamos dejar toda situación de pecado, practicar positivamente el bien y hacer de nuestra vida un sí valiente para Cristo. Por eso, repetimos con filial insistencia: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores...

 

PRIMERA LECTURA. Ezequiel 18, 25-28

Dejar el pecado.

         Dios, justicia infinita, nos invita a dejar nuestro proceder injusto, o sea, dejar el pecado.

         El pecado es acto humano, esto es, consciente y libre. Es consciente cuando se advierte el mal que hay que evitar y no se evita. Es libre cuando se quiere, se desea o se realiza libremente la obra mala. Sólo el hombre es responsable del pecado. Dios respeta la naturaleza del hombre.

         El pecado es germen de injusticia porque rompe el equilibrio de las relaciones del hombre con Dios: no se cumplen los Mandamientos. Rompe el equili­brio de las relaciones con el prójimo: no se respeta la vida ni el comportamiento justo. Es germen de muerte porque conlleva el riesgo de condenación.
 

Invitados a la conversión.

         Dios invita al arrepentimiento para alcanzar la conversión. Que el pecador recapacite y vuelva a la vida restaurando la justicia, el recto orden, con Dios y con los hermanos. Si (el pecador) recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.
 

Invocación mariana.

         Madre de Dios y Madre nuestra. Tú comprendes nuestra debilidad. Ayúdanos a ser valientes para salir del pecado y alejarnos de los peligros que nos acechan. Fortalece nuestra voluntad para perseverar en el camino del bien y alcanzar la salvación.

 

SEGUNDA LECTURA. Filipenses, 2, 1-11

Tener los sentimiento de una vida en Cristo Jesús.

         Unidos en un mismo Espíritu por la fidelidad a los compromisos de Bautismo, perseverando en la gracia santificante.

         Obedientes a Dios cumpliendo sus mandamientos y buscando cumplir su voluntad en todo.

         En amor fraterno, sin divisiones ni egoísmos, Ayudando desinteresadamente al hermano que nos necesite. En humildad y sencillez, sin envidia, sin ostentación, sin vanidad...
 

Tener los sentimientos de Cristo Jesús.

         Cristo se hizo obediente al Padre hasta la muerte y muerte de cruz. En comunión con Cristo, nos entregamos al Padre con todas sus consecuencias.

         Cristo se humilló: siendo Dios tomó la condición de esclavo, haciéndose en todo como nosotros, menos en el pecado. En comunión con Cristo, vivamos en humildad.

         Cristo se entregó desinteresadamente por nosotros y por nuestra salvación. En comunión con Cristo, trabajamos para que la redención llegue a todos los hombres y a todos los confines de la tierra: que todos los hombres se salven.
 

Invocación mariana.

         Madre de Dios, modelo de vida en Cristo. Enséñanos a dejarnos penetrar de la vida y los sentimientos de tu Hijo para que identificados con Él, demos gloria al Padre en un mismo Espíritu.

 

TERCERA LECTURA. San Mateo, 21, 28-32

El problema que plantea el Evangelio.

         Dios nos llama a trabajar en su viña. Cristo propone la parábola del Padre que invita a sus hijos a trabajar en su viña..

         Uno responde negativamente, pero luego se arrepiente y le dirá que sí. Es la imagen del pecador que se convierte.

         El otro responde sí, pero luego no se compromete. Es la imagen del bautizado que se llama cristiano, pero que no cumple los Mandamientos o los cumple parcialmente.
 

Nuestro problema.

         Pronunciar a Cristo un sí, valiente, responsable, sincero, com­pro­metido que abarca toda la vida.

         Sí en orden del ser: estamos bautizados. La primera condición para trabajar en la viña del Señor es vivir en gracia santificante.

         Sí en el orden del obrar: actuar siempre como bautizados en la vida privada y en la vida social.

         Por lo tanto, sí a la gracia y a los medios para perseverar en ella. Sí a la confesión valiente de la fe en nuestro estado de vida. Siempre sí a Cristo a costa de la entrega de la vida hasta el derramamiento de la sangre si es preciso.
 

Invocación mariana.

         María: Madre del Sí sostenido a Cristo desde el Fiat de la Encarnación hasta la Cruz. Enséñanos a ser valientes en nuestra entrega a Cristo. Que nuestra vida sea con Cristo un sí sostenido en lo vertical y en lo horizontal para gloria del Padre en la unidad del Espíritu Santo.


 



 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.