Domingo 30º del Tiempo Ordinario

- CICLO A -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 


 

 DOMINGO TRIGÉSIMO – CICLO A.
                 
  

Meditando los misterios del Rosario con María, profundizamos en la caridad de Cristo -amor hasta el extremo- y escuchamos su palabra que nos manda amar como Él amó: Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente (Jo. 13, 34)

 

PRIMERA LECTURA. Éxodo, 22, 21-27.

Código de la caridad.

El Libro del Éxodo plantea lo que podemos llamar el Código de la caridad para el Pueblo escogido y que Jesucristo ratificará en el Nuevo Testamento.

No oprimir ni vejar al forastero. El pueblo ha recordar que él también fue forastero en Egipto.

No explotar a viudas ni a huérfanos porque Dios los protege especialmente, escuchará su oración y castigará los abusos contra ellos.

No ser usurero en los préstamos a los pobres. Devolver el manto tomado como prenda al prójimo que lo necesita para cubrir su cuerpo.
 

El fundamento de la caridad.

El fundamento de la caridad es la compasión. Tenemos que ser compasivos como Dios es compasivos. Tenemos que tratarnos como hermanos porque Dios es nuestro Padre.
 

Invocación mariana.

Madre del Amor y la Misericordia porque eres la Madre de Dios. Que sepamos vivir como hijos de Dios y hermanos de todos los hombres, especialmente de los más necesitados. Que tengamos un corazón compasivo para comprender y ayudar al que vive en la soledad, en la orfandad, en la pobreza... en cualquier clase de carencia espiritual o material.

 

SEGUNDA LECTURA. 1ª Tesalonicenses, 1, 5c-10.

La fuerza del ejemplo.

Cristo es el modelo a imitar. San Pablo se presenta como modelo de seguimiento de Cristo y alaba los Tesalonicenses que al seguir el ejemplo de Pablo están imitando a Cristo.

El Apóstol alaba a los Tesalonicenses porque han acogido valientemente la Palabra, en medio de luchas, con la alegría del Espíritu Santo, llegando a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya. Gracias al coraje de los Tesalonicenses, la Palabra del Señor se ha extendido en todas partes, ha corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada.

Los Tesalonicenses animan con su ejemplo a dejar los ídolos, a volver al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo a quien ha resucitado de entre los muertos y que os libra del castigo futuro.
 

Llamados a ser signos de Dios.

Nosotros estamos bautizados. Hemos recibido la Palabra y la Gracia de Dios. En consecuencia, hemos de ser signos valientes de Dios en medio de las dificultades y las luchas del mundo. Tenemos la fuerza del Espíritu Santo para ser modelos capaces de atraer las almas a Cristo.
 

Invocación mariana.

Madre de Dios y Madre nuestra. Tú eres modelo de entrega a Dios superando todas las dificultades del ambiente. Tú nos atraes irresistiblemente hacia Cristo, hacia Dios.

Enséñanos a acoger a Cristo, a entregarnos a Él con todas sus consecuencias superando todas las dificultades, a ser signos de Dios en medio del mundo, a atraer almas a Cristo.

 

TERCERA LECTURA. San Mateo 22, 34-40.

El Mandamiento más importante.

Los fariseos preguntan a Jesús queriendo ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? O sea, ¿qué es lo más importante que tenemos que hacer para salvarnos?

Jesús responde inmediatamente: amar. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas.

Es el verdadero código de la caridad que perfecciona y completa al Antiguo Testamento.
 

El amor a Dios.

Amar a Dios con todo el corazón tiene un sentido estimativo o apreciativo. Dios es el valor absoluto. Tenemos que amar desde Él y ordenándolo todo hacia Él. Amar a Dios con toda el alma porque es la Verdad que perfecciona la inteligencia y el Amor que perfecciona la voluntad. Amar a Dios con todo nuestro ser, o sea, con nuestras palabras y obras.
 

El amor al prójimo.

Amar al prójimo como a nosotros mismos, o sea, si buscamos nuestro bien espiritual y material, no podemos sentirnos ajenos a las necesidades espirituales y materiales de nuestros hermanos: la salvación de sus almas, la formación religiosa, los bienes de la educación, la vivienda digna, el salario justo, la alimentación y el vestido...
 

Invocación mariana.

María, Madre del Amor. Tú amas a Dios como nadie. Tú nos amas a nosotros al precio de la Corredención. Enséñanos a amar a Dios sobre todas las cosas y a todos los hombres como hermanos.

        

 



 

 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.