Domingo 31º del Tiempo Ordinario

- CICLO A -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 


 

 DOMINGO TRIGÉSIMO PRIMERO – CICLO A.
                 
  

Meditando los misterios del Rosario con María, contemplamos a Cristo totalmente dedicado a las cosas del Padre y aprendemos a convertir nuestra vida espiritual, familiar y profesional en acto de culto a Dios.

 

PRIMERA LECTURA. Malaquías, 1, 14b-2,2b. 8-10.

Dios, objeto único de culto.

Yo soy el Rey soberano, dice el Señor de los Ejércitos; mi nombre es temido entre las naciones.

Dios es Rey soberano y único porque es el Creador y, por lo tanto, Dueño de la Creación. Dar culto a Dios, es reconocer su soberanía por la adoración, por la obediencia a sus Mandamientos, por la ordenación de la vida según su voluntad.

Dios es el Padre de todos. Dar culto a Dios es vivir y actuar como hijos suyos y tratar a los hombres como hermanos.

Dios, en el Nuevo Testamento, será el Redentor de cada hombre y de cada mujer. Dar culto a Dios es vivir conscientes de la dignidad que tenemos como redimidos y dar testimonio de ello.
 

Los sacerdotes y el culto divino.

Los sacerdotes son los encargados y los responsables del culto divino: Os toca a vosotros, sacerdotes.

Corresponde a los sacerdotes obedecer en todo a Dios y dar gloria a mi nombre. La Palabra de Dios se torna amenazante porque los sacerdotes se han desviado del camino, porque han hecho tropezar a muchos en la ley, porque se fijan en la letra y no en el espíritu, porque no son sinceros en su conducta, porque no practican la justicia...

La Palabra de Dios cobra actualidad en el Nuevo Testamento: la primera función del sacerdotes es dar culto a Dios y glorificar su nombre por la santidad de vida, por la celebración digna de la liturgia, por la ejemplaridad de su conducta, por el espíritu de caridad y de servicio...
 

Invocación mariana.

Madre de Dios: tu vida es acto de culto a Dios Creador y Redentor por la entrega de tu vida a sus designios. Alcánzanos la gracia que necesitamos para vivir dedicados a Dios según el don de la vocación que hemos recibido.

 

 

SEGUNDA LECTURA. Primera Tesalonicenses, 2, 7b-9. 13.

San Pablo, modelo de culto a Dios.

San Pablo es modelo de culto a Dios por su total dedicación a Dios en Jesucristo y por su entrega incansable y valiente a la predicación del Evangelio hasta el martirio.
 

El móvil de San Pablo.

El móvil de San Pablo es el amor. Ama apasionante y apasionadamente a Jesucristo y por amor entrega su persona a la causa del Evangelio sin regatear esfuerzos, ni fatigas, ni trabajos. Su vida es una continua acción de gracias porque su predicación no es acogida como palabra humana, sino como Palabra de Dios que permanece operante en los creyentes.
 

Invocación mariana.

Santa María, Reina de los Apóstoles, totalmente entregada a Dios en tu hijo Jesucristo: tu vida es acto eminente de culto.

Enséñanos a vivir adorando al Padre por Jesucristo en el amor del Espíritu Santo. Que, llenos del amor de Dios, seamos testigos del Reino en medio del mundo con todas sus consecuencias.

 

TERCERA LECTURA. San Mateo, 23, 1-12.

Las condiciones del verdadero culto.

Las condiciones de la total dedicación a Dios y a la causa del Reino son la verdad y la sinceridad, la coherencia, la humildad y la caridad.

Jesús censura la postura de los letrados y fariseos que no cumplen lo que dicen, que imponen cargas pesadas a los demás, que son vanidosos, que buscan los primeros puestos y el ser reverenciados como maestros.

El discípulo de Jesús no se deja llamar maestro porque Cristo es el único Maestro; no se deja llamar padre porque no hay más Padre que el del cielo, no se deja llamar Jefe porque uno sólo es vuestro Señor, Cristo. Se considera servidor humilde de todos porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.
 

Invocación mariana.

Madre de Dios y Madre nuestra: tu eres modelo de plena dedicación a Cristo porque vive en verdad, en amor, en sinceridad, en servicio humilde como la esclava del Señor.

Enséñanos a tener sólo a Cristo como Maestro, a ser hijos del Padre, a vivir a las órdenes de Cristo como humildes servidores del Reino.

        

 



 

 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.