Domingo 33º del Tiempo Ordinario

- CICLO B -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 


 

 DOMINGO TRIGÉSIMO TERCERO – CICLO B
                 
  

Con María rezamos el santo Rosario intensificando nuestra comunión con Cristo. Por medio de María pedimos las gracias que necesitamos en este mundo y a la hora de la muerte. Por eso, el Rosario es oración eficaz para alcanzar el don de la salvación eterna.

 

PRIMERA LECTURA. Profeta Daniel 12, 1-3

El final de los tiempo.

El Profeta narra una visión profética que describe el final de los tiempos. La vida transcurre en una lucha entre el bien y el mal, entre los buenos y los malos. Terminará triunfando el bien sobre el mal. El Arcángel Miguel, enviado por Dios, se pondrá a favor del bien y derrotará al mal para siempre.

Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Unos vivirán perpetuamente. Otros serán rechazados para siempre.
 

Nuestra actitud.

Nosotros somos peregrinos que vivimos en este valle de lágrimas, en un mundo dividido por el bien y por el mal. Tenemos que luchar para no ser dominados por el mal. No tengamos miedo. Dios está de nuestra parte. Nos ha dado a Jesucristo y con Él, la gracia que necesitamos para vencer al mal. Seamos fieles a la gracia. Si perseveramos en ella, venceremos con Cristo y alcanzaremos la salvación.
 

Invocación mariana.

Virgen María: eres portadora del triunfo definitivo del bien sobre el mal porque concebiste a Cristo por obra del Espíritu Santo. Enséñanos a vivir en comunión con Cristo para triunfar sobre el mal y alcanzar la salvación.


SEGUNDA LECTURA. Hebreos 10, 11-14. 18.

Nos apoyamos en Cristo.

Nosotros somos peregrino. Nos debatimos entre el bien y el mal. Pero no tenemos miedo. El bien ha de triunfar definitivamente sobre nosotros porque nos apoyamos en Cristo, en su gracia.
 

Cristo es nuestro Redentor.

Cristo es nuestro Redentor. Se ha hecho hombre, ha muerto en la Cruz y ha resucitado por nosotros los hombres y por nuestra salvación.

Dice el Apóstol: Cristo ofreció por los pecados para siempre jamás, un solo sacrificio. El ofrecimiento de Cristo repara infinitamente el pecado de la humanidad y los pecados personales. Nosotros hemos de acoger, consciente y libremente, la gracia de la Redención para que el bien se haga realidad en nuestras almas.

Cristo subió a los cielos después de su pasión, muerte y resurrección: Está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puesto como estrado de sus pies. O sea, el mal será definitivamente aniquilado y el bien triunfará para siempre al final de los tiempos.
 

Invocación mariana.

María, Madre del Amor y la Misericordia porque nos ofrece el misterio del Verbo de Dios hecho hombre y nos atraes hacia Él. Enséñanos a perseverar en el bien y a rechazar el mal para alcanzar la salvación. Enséñanos a perseverar en la gracia.

 

TERCERA LECTURA. San Marcos 13, 34-32.

La segunda venida de Cristo.

El Evangelio nos sitúa en el momento de la segunda venida de Cristo. Irá precedido de una lucha violenta del mal, descrito en forma apocalíptica: la tribulación, la oscuridad, el temblor... se apoderarán de la tierra.

Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo.
 

Características de la segunda venida de Cristo.

La segunda venida de Cristo será en la plenitud de su realeza. Será el triunfo definitivo del bien sobre el mal.
 


 

Seremos juzgados en el amor. Los que posean la gracia y el amor irán al Cielo. Los que no tengan la gracia y el amor serán rechazados para siempre. Se habrá realizado el triunfo del bien sobre el mal para siempre.

La segunda venida de Cristo será en el amor y en la misericordia. Cristo nos concede su perdón hasta el último instante con tal que hagamos un acto perfecto de amor y Él nos perdona.
 

Invocación mariana.

Madre del Amor y la Misericordia. Sabemos que intercedes continuamente por nosotros ante tu Hijo. Alcánzanos el perdón que necesitamos para ser dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Son las promesas del amor, de la Misericordia, de la salvación.

        

 



 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.