PASCUA - CICLO A

Tercer Domingo


 

 

TERCER DOMINGO

 

Con la Virgen María, seguimos contemplando a Cristo resucitado. Ella nos enseña a conocer, amar e imitar a Cristo. Él es el centro de nuestra vida. A Él debe conformarse nuestro ser y obrar cristianos.

 

PRIMERA LECTURA Hechos 2, 14. 22-28
 

Jesús es el centro de la predicación cristiana.

San Pedro, lleno del Espíritu Santo realiza la primera proclamación: Os hablo de Jesús, de su vida, pasión, muerte y resurrección. Es el centro del mensaje cristiano.

¿Quién es Jesús? Es el Hijo de Dios, enviado por el Padre, Dios como el Padre, Dios con nosotros y para nosotros, para nuestra salvación. Acreditado por Dios porque su enseñanza ha sido confirmada por los milagros, signos y prodigios que conocéis y rubricada con su sangre.

Según el plan divino de salvación ha sido entregado a los judíos que lo matan en una cruz.. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.

Se cumple la palabra de David (Salmo 16, 8-11). Jesús no puede vacilar porque Dios está con Él. Dios no lo entregará a la muerte, ni a la corrupción. Dios le ha marcado el sendero y será saciado de gozo.
 

Invocación mariana.

María, enséñanos a dar gracias a Dios con el Rosario porque se ha cumplido el plan del Padre por obra del Espíritu Santo. Cristo se ha hecho obediente por nosotros hasta la muerte y muerte ce cruz y ha vencido a la muerte con su resurrección. Enséñanos a centrar nuestra vida en Jesús y a ser portadores de la alegría de la resurrección.

 

SEGUNDA LECTURA 1 Pedro, 1, 17-21.
 

Nuestro comportamiento cristiano.

Somos hijos de Dios, redimidos a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha. Por lo tanto, hemos de tomar en serio nuestro proceder, esto es, ser y vivir como cristianos con todas sus consecuencias.

Hemos de ser cristianos consecuentes viviendo en la verdad, adecuando nuestras obras a los principios de la fe que profesamos, a la esperanza en la que nos apoyamos, a la caridad que nos alienta.
 

Cómo cultivar la vida cristiana.

En una palabra, hemos de cultivar la vida de la gracia para vivir en comunión con Dios y con los hermanos. Nos alimentamos sobrenaturalmente con la frecuencia de sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía para ser fuerte en la fe. Respiramos sobrenaturalmente con el oxígeno de la oración para tener la experiencia del trato íntimo con el Señor. Nos ejercitamos con la práctica de las virtudes teologales, cardinales y morales para que nuestro obrar sea cristiano. Y sobre todo, el amor a Dios y al prójimo como a nosotros mismos porque es lo más importante (Cf. Mt. 22, 37-40) .
 

Invocación mariana

Señora y Madre del Rosario. Enséñanos a reconocer nuestra dignidad como hijos de Dios, redimidos por Cristo. Enséñanos a ser hijos de la Iglesia en la que Cristo nos congrega. Enséñanos a vivir en la verdad y en el amor.

 

TERCERA LECTURA San Lucas, 24, 13-35
 

Jesús sale al encuentro de sus discípulos.

Jesús sale al encuentro de los discípulo para confirmarlos en la fe de la Resurrección. Nos cosuela experimentar que Cristo sigue saliendo a nuestro encuentro en la Iglesia, principalmente en la Eucaristía, para confirmarnos en la fe y fortalecernos en el camino.

Dos discípulos caminan de Jerusalén a Emaús. Comentan los acontecimientos que han vivido, conversan, discuten, están preocupados.... Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero no lo reconocieron. Realmente, los discípulos necesitan de Jesús y Él sale a su encuentro.

Jesús, Maestro y Pedagogo, inicia un diálogo lleno de bondad y paciencia. ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? Cleofás se sorprende de la pregunta: ¿eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido en Jerusalén? Jesús pregunta: ¿Qué? Y los discípulos le cuentan: Jesús ha sido entregado, crucificado y condenado a muerte. Esperábamos que iba a ser nuestro libertador, han pasado tres días... Algunas mujeres y discípulos han ido al sepulcro y afirman que está vivo, pero...
 

Jesús confirma la fe de los discípulos.

Jesús abre la mente y el corazón de los discípulos explicando el cumplimiento de las profecías y les dice. ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?

Al llegar a Emaús hacen una súplica a Jesús: Quédate con nosotros porque atardece. Jesús entró en la casa y al cenar tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Ahora sí. Se abre la mente de los discípulos, les arde el corazón, han sido confirmados en la fe, ven a Cristo resucitado y vuelven a Jerusalén para proclamar ante los once:: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido al Simón.
 

Jesús sale a nuestro encuentro.

Jesús resucitado sale a nuestro encuentro en la Eucaristía para fortalecernos en la fe y caldear nuestros corazones. Nos acompaña en el camino. Tenemos en fe la experiencia de ver a Cristo resucitado y sentimos la urgencia de proclamarlo. Quédate con nosotros. Señor, te necesitamos.
 

Invocación mariana.

Santa María del Camino, te suplicamos con el Rosario: muéstranos a Cristo, tu Hijo. Lo necesitamos para que nos acompañe en el camino, nos fortalezca en la fe y experimentemos la alegría de la Resurrección.

 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.