Domingo 4º del Tiempo Ordinario

- CICLO C -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 




 

CUARTO DOMINGO – CICLO C
 

                       

Con María, contemplamos la vida de Cristo en los misterios del Rosario. Su meditación nos va marcando el camino que hemos de recorrer según el plan del Padre sobre nosotros en el amor del Espíritu Santo.

 

PRIMERA LECTURA. Jeremías 1,4-5. 17-19.

La vocación del Profeta.

Dios ha llamado a Jeremías, desde antes de nacer, para ser profeta: Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: Te nombré profeta de los gentiles.

La vocación es la llamada de Dios. La consagración es la dedicación a la misión que el mismo Dios le asigna.
 

La respuesta del Profeta.

El profeta ha de responder poniéndose en camino y anunciando lo que Dios le mande sin miedo, con valentía y con fortaleza: denunciar el pecado. Ha de hacer frente a reyes y príncipes, a sacerdotes y gentes del campo que lucharán contra él, pero Dios lo librará de todo mal porque está con el profeta.
 

Nuestra vocación.

La vocación del profeta es imagen de la nuestra. Nosotros hemos sido elegidos en Cristo por el Padre, desde toda la eternidad. Hemos recibido el don del Espíritu Santo para anunciar el Evangelio con la palabra y con el testimonio, siempre y en toda circunstancia. Contamos con la fuerza de Dios para superar toda dificultad y persecución. No tengamos miedo a vivir en gracia de Dios y a obrar en consecuencia, con valentía, sin complejos, al precio que sea: Dios está con nosotros.
 

Invocación mariana.

Santa María, Reina de los Profetas. Tú fuiste especialmente llamada por el Padre para ser Madre del Hijo por obra del Espíritu Santo y para cumplir la misión de corredentora. Enséñanos cómo responder a la llamada de Dios y cumplir fielmente la misión que nos ha señalado, sin miedo ni condicionamientos humanos.
 

 

SEGUNDA LECTURA. Primera Corintios 12. 31-13. 13

El camino del amor.

El camino mejor del cristiano es el del amor. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Aunque tenga el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber y una fe que mueva montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque reparta mis bienes en limosnas y me dejara quemar vivo; si no tengo amor de nada me sirve.
 

Las cualidades del amor.

El amor es comprensivo, servicial. No es envidioso, ni presumido, ni soberbio, ni mal educado, ni egoísta. Perdona y olvida el mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa, espera, aguanta.

El amor es eterno. Todo pasa: la vida, las cualidades, el saber, la salud, la enfermedad... El amor no pasa nunca… En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
 

Invocación mariana.

María: tu vida es amor de entrega sin límites a Cristo y a nosotros. Tú nos comprendes, nos perdonas y te pones a nuestro servicio porque eres Madre. Enséñanos cómo recorrer el camino del amor como lo más importante, siguiendo tu ejemplo.

 

TERCERA LECTURA. San Lucas 4, 21-30.

La misión de Jesús.

La misión de Jesús es una misión de amor. Ha sido enviado a los pobres de alma y de cuerpo. Su misión de amor culminará en el calvario dando la vida por sus amigos que somos nosotros, para redimirnos.

La misión de Jesús no puede ser vista con ojos humanos como tratan de verla sus paisanos. Estos no entienden la misión divina de Jesús, lo rechazan, lo quieren matar… y Jesús se alejó de ellos.
 


 

La aceptación de Jesús.

Nosotros hemos recibido el don de la fe sobrenatural. Creemos en la Persona divina de nuestro Señor Jesucristo y en su misión de amor redentor que nos perdona y nos salva. Aceptamos a Jesús. Queremos dejarnos amar por Él para amar como Él nos amó.
 

Invocación mariana.

Madre del Amor porque eres la Madre de Dios que se ha hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación. Abre nuestros corazones al amor de tu Hijo para que sepamos ser testigos de su amor en medio del mundo. Enséñanos a amar como Cristo nos amó.

        
 


 

 

 

 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.