Domingo 6º del Tiempo Ordinario

- CICLO C -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 



 

SEXTO DOMINGO – CICLO C
                 

 

La contemplación de la vida de Cristo en los misterios del Rosario, nos va empapando de la Sabiduría divina que nos enseña a vivir como cristianos, esto es, como discípulos de Cristo, fieles a su vida y a sus enseñanzas.

 

PRIMERA LECTURA. Jeremías, 17, 5-8

La conducta del creyente.

El Profeta Jeremías lanza un oráculo sobre la conducta del creyente, rechazando en forma de maldición el comportamiento negativo y elogiando en forma de bendición el comportamiento positivo.
 

 

El mal comportamiento del creyente.

Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor.

Es una llamada urgente a no apoyarse en el hombre por el hombre porque sería olvidar la dimensión teocéntrica. La vida del hombre se apoya en Dios, ha de reconocerlo como Creador, sometido a Él, cumpliendo sus Mandamientos.

Igualmente, el hombre no ha de apoyarse en la debilidad de la carne porque viviría sometido a la pasión incontrolada que engendra injusticia, odio, guerra, muerte, descomposición y corrupción de la persona, la familia, la sociedad y las relaciones entre los pueblos.

Por lo tanto, el hombre no ha de apartar el corazón del Señor porque se vida no estaría ordenada en paz consigo y con los demás, según la Ley del Señor.
 

El buen comportamiento del creyente.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Confiar en el Señor es reconocerlo como Dios Creador y adorarlo, es vivir abandonado a su Providencia y aceptarlo como Padre, es respetarlo como Legislador y cumplir sus Mandamientos.
 


 

El que obra así será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces. Siempre estará frondoso y dará frutos. Es el testimonio y la fuerza atractiva del bien.
 

Invocación mariana.

Santa María: Tú eres la mujer excepcionalmente bendecida por Dios, que vives en adoración continua del misterio, totalmente abandonada a su Providencia. Enséñanos a vivir reconociendo a Dios, bendiciendo su nombre y abandonados filialmente a su Providencia.

 

SEGUNDA LECTURA. Primera Corintios, 15, 12. 16-20.

El camino a recorrer.

El camino a recorrer es el de Cristo. Porque Cristo ha muerto y ha resucitado, nosotros, si vivimos con Cristo moriremos en Él y resucitaremos con Él: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Vivimos con Cristo cuando perseveramos en la gracia santificante que el mismo Cristo causa en nosotros. Entonces, participamos de su misma vida, estamos en comunión con Él, moriremos en Él para resucitar con Él.

Por lo tanto, recorramos el camino poniendo los medios para perseverar en la gracia santificante por medio de los sacramentos que nos hacen crecer en Cristo, por medio de las virtudes que nos configuran con Él y por medio de la oración que nos dan la experiencia de su amistad.
 

Invocación mariana.

Santa María: Tú vives una comunión privilegiada con Cristo porque es tu Hijo, y una especial configuración con Él porque en el orden de la gracia eres hija de tu Hijo. Enséñanos a recorrer el camino de la vida en comunión con Cristo, tratando de configurarnos con Él.

 

TERCERA LECTURA. San Lucas 6, 17. 20-26.

La vida del creyente.

Las Bienaventuranzas son como el plan de vida para los creyentes. Nos ofrecen el compendio –la carta magna- del comportamiento cristiano.

Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Es pobre el que reconoce en su corazón que necesita de Dios, que todo lo ha recibido de Él, que se acoge a su Providencia.

En el orden natural, necesitamos de Dios que nos da la vida y la conserva providencialmente. En el orden sobrenatural, necesitamos de Dios en Jesucristo para salvarnos. Por los tanto reconocemos la total dependencia de Dios y nos comprometemos a guardar amorosamente sus leyes.
 


 

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Tiene hambre el que desea poseer el bien, perseverar en él y transmitirlo, esto es, tener hambre y sed de Dios, Verdad única y Bien supremo.

Quedar saciados es poseer la participación de la vida de Dios por la gracia, vivir en la Verdad y en el Bien, y transmitirlo con la palabra y el testimonio.
 

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Llora el que pierde un bien querido: perso­na u objeto. Llora el que pierde el bien sobrenatural por el pecado, o es menos fiel a la gracia.

Ríe, es consolado, cuando responde a la llamada interior y se convierte, cuando recupera la gracia, la fidelidad y el gozo interior...

Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan y os insultes y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.

Ser odiado, excluido, insultado y proscrito, forma parte de la lógica del seguimiento de Jesús: Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí primero que a vosotros… Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán… (Cf. Jo. 15, 18. 20b)

Por lo tanto, seremos dichosos si nos persiguen y nos excluyen por la causa de Cristo: Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Eso es lo que hicieron con Jesucristo.
 

Invocación mariana.

Santa María: somos tus hijos y tus discípulos. Como Madre, nos ofreces la gracia y la salvación que es Cristo: abre nuestros corazones para que sepamos acoger la vida de tu Hijo, meditando los misterios del Rosario.

Como Maestra, nos enseñas cómo ser cristianos consecuentes realizando nuestra vida según la propone tu Hijo en las Bienaventuranzas: enséñanos cómo ser fieles al Evangelio y cómo dar testimonio de ello con todas sus consecuencias, con valentía.

        
 


 

       

 

 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.