Domingo 8º del Tiempo Ordinario

- CICLO B -

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.

 

 

     MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 




 

OCTAVO DOMINGO – CICLO B

  
 

Madre de Dios: al ritmo del Rosario vamos contemplando a tu Hijo como revelación del amor y la misericordia del Padre por obra del Espíritu Santo.

 

PRIMERA LECTURA. Oseas, 2, 14b. 15b 19-20.

Dios ama a su pueblo.

Dios ama a su pueblo –nos ama- con amor eterno, más fuerte que el pecado, que la muerte y que la debilidad (Cf. Cant.8, 6) Dios es amor y misericordia.

Dios utiliza la imagen del matrimonio como género literario, para darnos a entender su amor. El amor de Dios es entrega que perdona y causa la vida sobrenatural, es fidelidad eterna a pesar de la traición del pecado, es intimidad -el desierto- que habla al corazón.


Dios manifiesta su amor.

Dios va manifestando su amor progresivamente en las alianzas con su pueblo, en los profetas...y también, en los castigos que permite como el hijo que corrige a su padre.

Dios revelará su amor plenamente en Jesucristo. Cristo se entregará hasta la muerte para perdonar el pecado, causar la vida sobrenatural de la gracia y sellar definitivamente la alianza con su sangre.
 

Invocación mariana.

María: eres portadora del Amor y la Misericordia porque eres la Madre de Cristo. Enséñanos cómo dejarnos amar por Cristo, cómo amarlo y cómo ser testigo de su amor.

 

SEGUNDA LECTURA. Segunda a los Corintios, 3, 1b-6.

Pablo, ministro del amor.

San Pablo escribe a los corintios: Sois una carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra,­ sino en las tablas de carne del corazón.

El ministerio de San Pablo tiene como centro dar a conocer lo largo, lo ancho y lo profundo del conocimiento y del amor de Cristo. O sea, proclamar el amor de Cristo.

Los bautizados somos como una carta escrita por el Espíritu de Dios en corazones de carne, no en piedras muertas. O sea, los bautizados somos un reflejo del amor de Dios.


Nuestro servicio de amor.

Nosotros somos cartas vivas en las que debe leerse las maravillas del amor de Dios manifestado en Cristo. Animados por el Espíritu Santo tenemos que escribir páginas de amor en la carta de nuestras vidas.
 

Invocación mariana.

Santa María: Tú eres la mejor carta de amor que Dios ha escrito. Por eso eres Madre de Dios, Inmaculada, siempre Virgen, Corredentora, Medianera, Asunta y Reina. Enséñanos cómo ser nosotros carta escrita por Dios respondiendo con fidelidad a su amor.

 

TERCERA LECTURA. San Marcos 2, 18-22..

El amor de Cristo.

Cristo es la gran donación del amor de Dios entre nosotros. Así se autopresenta Jesús: Tanto amó Dios al mundo que le dio –que nos dio- su unigénito Hijo para darnos la vida eterna, para salvarnos(Cf. Jo.3,16).

Se trata de un amor nuevo que culminará en la Cruz, de una nueva vida: la gracia sobrenatural. No es un remiendo, ni un odre viejo.

Se trata de un amor esponsalicio. Cristo es como el novio que Padre envía para entregar su amor a la humanidad hasta el extremo, hasta dar su vida en la Cruz. La presencia de Cristo y su amor causan alegría de fiestas de boda. No es compatible con la tristeza ni con el llanto...
 

La prolongación del amor de Cristo.

La presencia-amor de Cristo prolonga su presencia centralmente Eucaristía y demás sacramentos, en la oración, en los hermanos...
 

Invocación mariana.

María: Tú nos muestras el amor que Jesús nos tiene como madre que ama a los hermanos de tu hijo. Enséñanos cómo ser portadores del amor de Cristo por la gracia y cómo manifestarlo con el testimonio de vida.


 


 




 

 
 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.