Jesús, Pastor solícito

Autor: Fr. Carlos Lledó López O.P.
 



 

MEDITACIÓN
 

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

- Ciclo C -


 

 PASTOR SOLÍCITO

         El Corazón de Jesús nos revela  el amor de Dios que en Cristo se hace búsqueda solícita de las almas alejadas y fortaleza de las próximas. Es una invitación para abrirnos al amor de Dios manifestado en el Corazón de Cristo.
 

El Profeta Ezequiel (34, 11-16)

         El Profeta Ezequiel nos ofrece una bella alegoría. Dios se presenta como el Pastor que busca a las ovejas siguiendo su rastro. Busca a las ovejas perdidas, descarriadas, enfermas, heridas… de toda raza y color, lengua y nación, para librarlas de la oscuridad y del mal. Dios es, también, el Pastor que busca a las ovejas fuertes para librarlas del mal y protegerlas.

         A las enfermas y extraviadas las sana, las congrega y las trae al redil. A éstas, y a las sanas, les ofrece pastos abundantes, las hace recostar y descansar en verdes praderas. “Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré sestear –oráculo del Señor Dios-.

         La bondad, la compasión, el consuelo, la misericordia… el amor de Dios se manifiesta en el Corazón de Jesús que busca personalmente a las ovejas perdidas, que fortalece a las débiles,  que las congrega en el redil, que las alimenta… que da su vida para salvarlas. Podemos decir que el Corazón de Jesús nos persigue con su amor.

El Apóstol San Pablo (Rom. 5, 5-11)

         San Pablo nos invita a contemplar las pruebas del  amor de Dios. Nos ha dado a su propio Hijo que muere en la Cruz por nosotros pecadores, nos perdona, nos justifica y nos salva. Nos hace donación del Espíritu Santo –don del Padre y del Hijo- que derrama el amor de Dios en nuestros corazones para que podamos amar sobrenaturalmente a Dios y al prójimo.

De esta manera, el Corazón de Jesús nos ama hasta el extremo, hasta dar la vida por cada uno de nosotros. Si el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, nosotros tenemos que amar como el Corazón de Jesús nos ama: amar al Padre cumpliendo su voluntad, amar a la Iglesia para que sea santa, amar a los hombres para que se conviertan y se salven.

Se trata de configurarnos con los sentimientos del Corazón de Jesús en nuestro ser y obrar.
 

San Lucas (15, 3-7)

         El sentimiento principal del Corazón de Jesús es perdonar y salvar a los pecadores. Es lo que Él trata de expresar en la parábola de la oveja perdida.

         El Corazón de Jesús es como el pastor que tiene cien ovejas y una se ha perdido. Deja a las noventa y nueva en el lugar seguro y busca incansablemente a la que se ha perdido hasta que la encuentra. Al encontrarla, “la carga sobre los hombros, muy contento” y manifiesta su alegría a los amigos y vecinos: “Felicitadme. He encontrado la oveja que se me había perdido”

         El Corazón de Jesús es ternura y bondad. Busca individualmente al pecador hasta encontrarlo. Lo carga sobre sus hombros como haciendo suyo sus pecados. Muere en la Cruz,  perdona sus pecados, lo conduce al redil de la Iglesia y lo salva.

         Cada pecador que se deja alcanzar por el amor de Cristo causa una gran alegría a su Corazón: “Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”

         Vamos a dejarnos alcanzar por el amor del Corazón de Cristo para que se alegre en nosotros y se goce el cielo.  La alegría del Corazón de Jesús es nuestra alegría.

         El Corazón de María es la Divina Pastora que nos empuja a dejarnos encontrar por el Corazón de su Hijo que nos busca para que seamos felices con Él.

 




 

 
 


             Autor: Fr. Carlos Lledó López, O.P.