SEMANA SANTA

Vigilia Pascual
Ciclo C

 

   
 MEDITACIONES PARA EL AÑO LITÚRGICO

Guía didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.

 



 

VIGILIA PASCUAL - Ciclo C
 


         

 ¡ ALELUYA !  ¡ CRISTO HA RESUCITADO !  ¡ ALELUYA !


 

Adoramos a Cristo resucitado. Su vida terrena ha sido una marcha de amor en obediencia hasta la muerte y muerte de cruz. Su resurrección es la glorificación y el triunfo definitivo del amor sobre la muerte y el pecado.

Con la Virgen María, meditamos el primer misterio glorioso del Rosario: la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

 

SAN LUCAS 24, 1-12.

Los primeros testigos de la Resurrección.

Las mujeres son los primeros testigos de la Resurrección: El primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro. Al llegar, encontraron la piedra del sepulcro removida. Entraron, y el cuerpo de Jesús no estaba allí.

Dos ángeles se les presentaron y les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de los pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar.

Las mujeres volvieron al Cenáculo y comunicaron la gran noticia a los Once y a los demás. Pedro fue corriendo al sepulcro, lo encontró todo como le habían dicho las mujeres y se volvió admirándose de lo sucedido.
 


 

Nuestra actitud.

Nosotros, llenos de alegría, nos postramos a los pies de Jesús resucitado. Lo adoramos y damos gracias porque es el Hijo de Dios, Dios como el Padre, Dios con nosotros; porque ha cumplido la misión que el Padre le había confiado, porque ha triunfado sobre el pecado y la muerte, porque ha resucitado cumpliendo su palabra, porque ha sido glorificado por el Padre. ¡Aleluya!
 

El mensaje de la resurrección de Cristo.

Alegraos porque la resurrección de Cristo es un hecho histórico y auténtico que nos fortalece en la fe.

La palabra de los ángeles lo confirma: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. (Cf. Lc. 24, 5-8).

Lo confirma la palabra de Jesús resucitado a sus discípulos: Esto era lo que yo os decía estando aún con vosotros, que era preciso que se cumpliera todo lo que está escrito... que Cristo padeciese y al tercer día resucitase de entre los muertos (Cf. Lc. 24, 44-49)

Lo confirman los Hechos de los Apóstoles: ...después de su pasión, se presentó vivo, con muchas pruebas evidentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios (Cf. He. 1, 3).

Lo confirma San Pablo: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, que resucitó al tercer día, según las Escrituras y que se apareció a Cefas, a los doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los Apóstoles; y después de todos, como a un aborto, se me apareció también a mí (Cf. 1Cor. 15, 3-10)

No tengáis miedo. Es el saludo de Cristo a las mujeres y a los apóstoles. Cristo recitado sale también a nuestro encuentro. No tengamos miedo. Cristo murió, resucitó e intercede por nosotros. Nada ni nadie nos separará del amor de Cristo (Cf. Rom. 8, 1-36).

 

SAN PABLO A LOS ROMANOS. 6, 3-11.

Participamos de la Resurrección de Cristo,

Por el sacramento del Bautismo quedamos incorporados a Cristo, a su muerte, sepultura y resurrección. Porque Cristo ha resucitado, nosotros hemos de llevar una vida nueva en Él: Porque si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya... Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él.

Participar de la muerte y resurrección de Cristo, nos obliga a llevar una vida nueva en Cristo dejando el pecado. Hemos de considerarnos muertos al pecado con Cristo, viviendo para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
 

La intercesión de la Virgen del Rosario.

La Virgen María participa privilegiadamente de la Resurrección porque ha vivido la muerte y sepultura del Hijo en comunión con Él. Enséñanos, Madre, a morir con Cristo para participar de su Resurrección.
 

 




 


      Elaborado por Fr. Carlos Lledó López, O.P.