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S.S. Benedicto XVI (Pontificado)


Los Papas y El Rosario


San Pio V

   

SOBRE LA FIESTA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO

Entre los numerosos méritos del san Pío V, Papa entre 1566 y 1572, se ha subrayado su amor por la Virgen María que le llevó a la institución de la fiesta del Rosario.

Gracias al rezo fervoroso del Rosario, se pueden obtener gracias extraordinarias, por intercesión de la celestial Madre del Señor.

La fiesta de la Virgen del Rosario fue instituida por este Papa tras la victoria de Lepanto, el 7 de octubre de 1571 y desde entonces es celebrada por la Iglesia.

San Pio V : Biografía




León XIII

 

«DIUTURNI TEMPORIS»


SOBRE EL MES DE OCTUBRE DEDICADO AL ROSARIO

Carta Encíclica del Papa Leon XIII promulgada el 1 de septiembre de 1883

(PALABRAS DE JUAN PABLO II)

Tras el primer centenario de la Encíclica del Papa León XIII "Supremi apostolatus", con la que este gran Pontífice decretó la dedicación especial del mes de octubre al culto de la Virgen del Rosario. Subrayaba él con fuerza en este documento, la eficacia extraordinaria de esta oración rezada con alma pura y devoción, para obtener del Padre celestial, en Cristo y por intercesión de la Madre de Dios, protección contra los males más graves que puedan amenazar a la cristiandad y a la misma humanidad, y conseguir así los supremos bienes de la justicia y la paz entre los individuos y entre los pueblos.

Con este gesto histórico, León XIII no hacía otra cosa sino sumarse a los numerosos Pontífices que le habían precedido -entre ellos San Pío V- y dejaba una consigna a quienes le iban a seguir en el fomento de la práctica del Rosario. Por ello sea «dulce cadena que os una a Dios» por medio de María.

Otras Encíclicas del Papa Leon XIII sobre el Santo Rosario:

«SALUTARIS ILLE SPIRITUS»

«SUPERIORE ANNO»

«OCTOBRI MENSE»

«MAGNAI DEI MATRIS»

«LAETITIAE SANCTAE»

«IUCUNDA SEMPER»

«ADIUTRICEM POPULI»

«FIDENTEM PIUNQUE»

«AUGUSTISSIMA VIRGINIS»



Pío XI

"INGRAVESCENTIBUS MALIS"


SOBRE EL SANTO ROSARIO Y SUS BONDADES

Carta Encíclica del Papa Pío XI promulgada el 29 de septiembre de 1937  

Las plegarias a María. El Santo Rosario

Entre las varias plegarias con las cuales últimamente Nos dirigimos a la Virgen Madre de Dios, el Santo Rosario ocupa sin duda un puesto especial y distinguido.

Esta plegaria, que algunos llaman el salterio de la Virgen o Breviario del Evangelio y de la vida cristiana, ha sido descrita y recomendada por Nuestro Predecesor de feliz memoria, León XIII, con estos vigorosos rasgos: grandemente admirable es esta corona tejida con la salutación angélica, en la que se intercala la oración dominical, y se une la obligación de la meditación interior: es una manera excelente de orar... y utilísima para la consecución de la vida inmortal [5].

Y esto se deduce también de las mismas flores con que está formada esta mística corona. Efectivamente, ¡qué oraciones pueden hallarse más apropiadas y más santas?

La primera es la que el mismo Nuestro Divino Redentor pronunció cuando los discípulos le pidieron enséñanos a orar [6]; santísima súplica que así como nos ofrece el modo de dar gloria a Dios, en cuanto nos es dado, así también considera todas las necesidades de nuestro cuerpo y de nuestra alma. ¿Cómo puede el Padre Eterno, rogado con las palabras de su mismo Hijo, no acudir en nuestra ayuda?

La otra oración es la salutación angélica, que se inicia con el elogio del Arcángel Gabriel y de Santa Isabel, y termina con la piadosísima imploración con que pedimos el auxilio de la Beatísima Virgen ahora y en la hora de nuestra muerte.

A estas invocaciones hechas de viva voz se agrega la contemplación de los sagrados misterios, que ponen ante nuestros ojos, los gozos, los dolores y los triunfos de Jesucristo y de su Madre, con los que recibimos alivio y confortación en nuestros dolores, y para que, siguiendo esos santísimos ejemplos, por grados de virtud más altos, ascendamos a la felicidad de la patria celestial.

Esta práctica de piedad, Venerables Hermanos, difundida admirablemente por Santo Domingo no sin superior insinuación e inspiración de la Virgen madre de Dios, es sin duda fácil a todos, aun a los indoctos y a las personas sencillas.

¡Y cuánto se apartan del camino de la verdad los que reputan esa devoción como fastidiosa fórmula repetida con monótona cantilena, y la rechazan como buena para niños y mujeres!

A este propósito es de observar que tanto la piedad como el amor, aun repitiendo muchas veces las mismas palabras, no por eso repiten siempre la misma cosa, sino que siempre expresan algo nuevo, que brota del íntimo sentimiento de caridad. Además. este modo de orar tiene el perfume de la sencillez evangélica y requiere la humildad del espíritu, sin el cual, como enseña el Divino Redentor, nos es imposible la adquisición del reino celestial: en verdad os digo que si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos [7].

Si nuestro siglo en su soberbia se mofa del Santo Rosario y lo rechaza, en cambio, una innumerable muchedumbre de hombres santos de toda edad y de toda condición, lo han estimado siempre, lo han rezado con gran devoción, y en todo momento lo han usado como arma poderosísima para ahuyentar a los demonios, para conservar íntegra la vida, para adquirir más fácilmente la virtud, en una palabra, para la consecución de la verdadera paz entre los hombres.

Ni faltaron hombres insignes por su doctrina y sabiduría que, aunque intensamente ocupados en el estudio y en las investigaciones científicas, no han dejado sin embargo un día sin rezar de rodillas y fervorosamente delante de la imagen de la Virgen esta piadosísima forma.




Pío XII



«INGRUENTIUM MALORUM»

 

SOBRE EL ROSARIO EN LA FAMILIA

Carta Encíclica del Papa Pío XII promulgada el 15 de septiembre de 1951

(…) Por ello, con alegre expectación y reanimada esperanza vemos acercarse ya el próximo mes de octubre, durante el cual los fieles acostumbran acudir con mayor frecuencia a las iglesias, para en ellas elevar sus súplicas a María mediante las oraciones del santo Rosario. Oraciones que este año, Venerables Hermanos, deseamos se hagan con mayor fervor de ánimo, como lo requieren las necesidades cada día más graves; pues bien conocida Nos es la poderosa eficacia de tal devoción para obtener la ayuda maternal de la Virgen, porque, si bien puede conseguirse con diversas maneras de orar, sin embargo, estimamos que el santo Rosario es el medio más conveniente y eficaz, según lo recomienda su origen, más celestial que humano, y su misma naturaleza. ¿Qué plegaria, en efecto, más idónea y más bella que la oración dominical y la salutación angélica, que son como las flores con que se compone esta mística corona? A la oración vocal va también unida la meditación de los sagrados misterios, y así se logra otra grandísima ventaja, a saber, que todos, aun los más sencillos y los menos instruidos, encuentran en ella una manera fácil y rápida para alimentar y defender su propia fe. Y en verdad que con la frecuente meditación de los misterios el espíritu, poco a poco y sin dificultad, absorbe y se asimila la virtud en ellos encerrada, se anima de modo admirable a esperar los bienes inmortales y se siente inclinado, fuerte y suavemente, a seguir las huellas de Cristo mismo y de su Madre. Aun la misma oración tantas veces repetida con idénticas fórmulas, lejos de resultar estéril y enojosa, posee (como lo demuestra la experiencia) una admirable virtud para infundir confianza al que reza y para hacer como una especie de dulce violencia al maternal corazón de María.

Trabajad, pues, con especial solicitud, Venerables Hermanos, para que los fieles, con ocasión del mes de octubre, practiquen con la mayor diligencia método tan saludable de oración y para que cada día más lo estimen y se familiaricen con él. Gracias a vosotros, el pueblo cristiano podrá comprender la excelencia, el valor y la saludable eficacia del santo Rosario.




Juan XXIII

 

"GRATA RECORDATIO"
 

SOBRE EL REZO DEL SANTO ROSARIO

Carta Encíclica del Para Juan XXIII promulgada el 26 de Septiembre de 1959

Desde los años de Nuestra juventud, a menudo vuelve a Nuestro ánimo el grato recuerdo de aquellas Cartas encíclicas [1] que Nuestro Predecesor, de i. m., León XIII, siempre cerca del mes de octubre, dirigió muchas veces al mundo católico para exhortar a los fieles, especialmente durante aquel mes, a la piadosa práctica del santo rosario: Encíclicas, varias por su contenido, ricas en sabiduría, encendidas siempre con nueva inspiración y oportunísima para la vida cristiana. Eran una fuerte y persuasiva invitación a dirigir confiadas súplicas a Dios a través de la poderosísima intercesión de la Virgen Madre de Dios, mediante el rezo del santo Rosario. Este, como todos saben, es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a guisa de mística corona, en la cual las oraciones del "Pater noster", del "Ave María" y del "Gloria Patri" se entrelazan con la meditación de los principales misterios de nuestra fe, presentando a la mente la meditación tanto la doctrina de la Encarnación como de la Redención de Jesucristo, nuestro Señor.




Pablo VI

"MARIALIS CULTUS"


SOBRE EL CULTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA  

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA

Oración evangélica centrada en el misterio de la Encarnación redentora, el Rosario es, pues, oración de orientación profundamente cristológica. En efecto, su elemento más característico —la repetición litánica en alabanza constante a Cristo, término último de la anunciación del Ángel y del saludo de la Madre del Bautista: "Bendito el fruto de tu vientre" (Lc 1,42). Diremos más: la repetición del Ave María constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios; el Jesús que toda Ave María recuerda, es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen, nacido en una gruta de Belén; presentado por la Madre en el Templo; joven lleno de celo por las cosas de su Padre; Redentor agonizante en el huerto; flagelado y coronado de espinas; cargado con la cruz y agonizante en el calvario; resucitado de la muerte y ascendido a la gloria del Padre para derramar el don del Espíritu Santo. Es sabido que, precisamente para favorecer la contemplación y "que la mente corresponda a la voz", se solía en otros tiempos —y la costumbre se ha conservado en varias regiones— añadir al nombre de Jesús, en cada Ave María, una cláusula que recordase el misterio anunciado.

Se ha sentido también con mayor urgencia la necesidad de recalcar, al mismo tiempo que el valor del elemento laudatorio y deprecatorio, la importancia de otro elemento esencial al Rosario: la contemplación. Sin ésta el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: "cuando oréis no seáis charlatanes como los paganos que creen ser escuchados en virtud se su locuacidad" (Mt 6,7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza.




Beato Juan Pablo II

Carta apostólica "ROSARIUM VIRGINIS MARIAE"

 

SOBRE LA RIQUEZA DEL ROSARIO Y LOS MISTERIOS LUMINOSOS

Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II, promulgada el 16 de octubre de 2002

La carta es una instrucción sobre la riqueza espiritual del Santo Rosario, el modo de recitarlo y la incorporación de los Misterios de la Luz que consideran la vida pública de nuestro Señor Jesucristo.
 

El Rosario es una presentación orante y contemplativa, que trata de modelar al cristiano según el corazón de Cristo. Podríamos llamarlo el "camino de María".

Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la "escuela" de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje.

Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la madre del Redentor.

Hoy estamos ante nuevos desafíos (...) El Rosario nos permite esperar vencer una "batalla" tan difícil  como la de la paz (...) El Rosario es también, desde siempre, una oración de la familia y por la familia.

TOMAD CON CONFIANZA ENTRE LAS MANOS EL ROSARIO.

«Rosarium Virginis Mariae» (texto completo)  

CARTA APOSTÓLICA  (en esquema)




Benedicto XVI

El Papa emérito sobre el rezo del Rosario >>
 

Ángelus, 16 Octubre 2005 (27º elección Juan Pablo II)

Queridos hermanos y hermanas: Hace 27 años, un día como éste, el Señor llamó al cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, para suceder a Juan Pablo I, fallecido poco después de un mes de su elección. Con Juan Pablo II comenzó uno de los pontificados más largos de la historia de la Iglesia, durante el que un Papa, «venido de un país lejano», fue reconocido como autoridad moral incluso por muchas personas no cristianas y no creyentes, como lo demostraron las conmovedoras manifestaciones de cariño con motivo de su enfermedad y de profundo pésame después de su muerte. Ante su tumba, en las grutas vaticanas, continúa todavía sin interrupción la peregrinación de muchísimos fieles y esto constituye también un signo elocuente de hasta qué punto el querido Juan Pablo II ha entrado en el corazón de la gente, sobre todo por su testimonio de amor y de entrega en el sufrimiento. En él hemos podido admirar la fuerza de la fe y de la oración, y la manera en que se encomendó totalmente a María Santísima, quien siempre le acompañó y protegió, especialmente en los momentos más difíciles y dramáticos de su vida.

Podríamos definir a Juan Pablo II como un Papa totalmente consagrado a Jesús por medio de María, como lo manifestaba claramente su lema: «Totus tuus». Fue elegido en el corazón del mes del Rosario, y el Rosario, que con frecuencia llevaba entre sus manos, se convirtió en uno de los símbolos de su pontificado, sobre el que veló la Virgen inmaculada con materna solicitud. A través de la radio y de la televisión, los fieles del mundo entero pudieron unirse en muchas ocasiones a él en esta oración mariana y, gracias a su ejemplo y enseñanzas, redescubrir su sentido auténtico, contemplativo y cristológico (Cf. carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae», 9-17).

En realidad, el Rosario no se contrapone a la meditación de la Palabra de Dios y a la oración litúrgica; es más, constituye un complemento natural e ideal, en particular como preparación y como acción de gracias a la celebración eucarística.

Contemplamos al Cristo encontrado en el Evangelio y en el Sacramento en los diferentes momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. En la escuela de la Madre, aprendemos así a conformarnos con su Hijo divino y a anunciarlo con nuestra misma vida.

Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y educa a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso.

Contemplativo y misionero: así fue el querido Papa Juan Pablo II. Lo fue gracias a la íntima unión con Dios, alimentada cotidianamente por la Eucaristía y por prolongados momentos de oración.

En el momento del Ángelus, para él tan querido, es dulce y un deber recordarle en este aniversario, renovando a Dios la acción de gracias por haber dado a la Iglesia y al mundo un sucesor tan digno del apóstol Pedro. Que la Virgen María nos ayude a hacer un tesoro de su preciosa herencia.

 

27 de octubre de 2008

Benedicto XVI en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya:

"EL ROSARIO ES ARMA ESPIRITUAL EN LA LUCHA CONTRA EL MAL".

 

ENCOMIENDA A LA SANTÍSIMA VIRGEN


"Encomendémonos con confianza, sobre todo a la
bienaventurada Virgen María, a quien veneramos
el 7 de octubre con el título de Virgen del Rosario.

El mes de octubre está dedicado al santo Rosario,
singular oración contemplativa con la que,
guiados por la celestial Madre del Señor,
fijamos la mirada en el rostro del Redentor
para ser conformado en su misterio
de alegría, de luz, de dolor y de gloria.

Esta antigua oración está experimentando un
providencial reflorecimiento, gracias en parte
al ejemplo y a la enseñanza del querido Papa
Juan Pablo II.

Os invito a releer su carta apostólica
«Rosarium Virginis Mariae» y
a llevar a la práctica sus indicaciones
a nivel personal, familiar y comunitario".

--- Palabras de BENEDICTO XVI ---
 



 

Papa Francisco

 

 

Vaticano, 12 de septiembre de 2014

Papa Francisco: "El Rosario es la oración de mi corazón".

El Santo Padre escribe a mano algunas líneas de introducción del libro de su secretario Yoannis Lahzi Gaid sobre la oración mariana

"El Rosario es la oración que acompaña siempre la vida, es también la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón”. Son las palabras que el papa Francisco ha escrito a mano como introducción del pequeño libro “El Rosario. Oración del corazón” de la edición Shalom. El volumen es obra del sacerdote de rito copto católico Yoannis Lahzi Gaid, que desde hace algunos meses trabaja en la secretaría particular del Pontífice.

Francisco –-informa la web Vatican Insider-- ha querido invitar a la lectura escribiendo de su puño y letra estas breves palabras, significativamente fechadas el 13 de mayo de 2014, fiesta de la Virgen de Fátima.

Publicado en árabe hace algunos años, el libro del padre Yoannis ha difundido unas 130 mil copias; a pesar de que los coptos son una comunidad pequeña. La editorial Shalom ha publicado ahora una edición italiana con el añadido de las palabras de Francisco y con la introducción, dentro del texto, de algunos extractos de los discursos de Bergoglio sobre María, que se unen a los de sus predecesores.

El libro --añade Vatican Insider-- contiene la estructura de la tradicional oración mariana, todas las fórmulas y las oraciones, los misterios con los textos evangélicos y sus comentarios. La peculiaridad del trabajo está en la posibilidad de rezar el Rosario teniendo en cuenta la tradición oriental unida a la occidental. El lector se encontrará también páginas con textos y oraciones extraídas de la liturgia oriental.

 

Pompeya, 21 de marzo de 2015

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE POMPEYA


«Virgen del Santo Rosario, Madre del Redentor, mujer de nuestra tierra encumbrada por encima de los cielos, humilde sierva del Señor, proclamada Reina del mundo, desde lo profundo de nuestras miserias recurrimos a ti. Con confianza de hijos miramos tu rostro dulcísimo.
Coronada con doce estrellas, tú nos llevas al misterio del Padre, tú resplandeces de Espíritu Santo, tú nos donas a tu Niño divino, Jesús, nuestra esperanza, única salvación del mundo.

Brindándonos tu Rosario, tú nos invitas a contemplar su Rostro. Tú nos abres su corazón, abismo de alegría y de dolor, de luz y de gloria, misterio del Hijo de Dios, hecho hombre por nosotros. A tus pies sobre las huellas de los santos, nos sentimos familia de Dios.

Madre y modelo de la Iglesia , tú eres guía y sostén seguro. Haz que seamos un corazón solo y un alma sola, pueblo fuerte en camino hacia la patria del cielo .

Te entregamos nuestras miserias, los tantos caminos del odio y de la sangre, las mil antiguas y nuevas pobrezas y sobre todo nuestro pecado. A ti nos encomendamos, Madre de misericordia: obtennos el perdón de Dios, ayúdanos a construir un mundo según tu corazón.

¡Oh Rosario bendito de María!, cadena dulce que nos anuda a Dios, cadena de amor que nos hace hermanos, no te dejaremos jamás. En nuestras manos serás arma de paz y de perdón, estrella de nuestro camino.
Y nuestro beso a ti, en nuestro último respiro, nos sumergirá en una ola de luz, en la visión de la Madre amada y del Hijo divino, anhelo de alegría de nuestro corazón con el Padre y el Espíritu Santo».


Antes de dirigirse a Nápoles, el Pontífice saludó a los fieles presentes en la plaza del Santuario que estuvieron envigilia de oración toda la noche.

A ellos el Santo Padre les dijo: “¡Muchas gracias! Muchas gracias por esta calurosa acogida. Le hemos rezado a la Virgen para que nos bendiga a todos: a ustedes, a mí, a todo el mundo. Necesitamos a la Virgen, para que nos cuide. Y recen por mí, no se olviden. Ahora los invito a rezar todos juntos un Ave María y luego les daré mi bendición”.

 


 




 


- Cuarto año de Pontificado de S.S. el Papa Francisco,
elegido el 13 de marzo de 2013 -


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Fecha de Actualización:
5 Abril, 2016

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